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 Articulo:  Miami 21 ante el dilema del crecimiento
 
El Nuevo Herald

By Daniel Shoer Roth

En la planificación de las ciudades, los urbanistas enfrentan un dilema común: cómo crecer en un espacio limitado, sin menoscabar la calidad de vida de los residentes.

 

Por décadas, en el condado Miami-Dade, la estrategia de expansión suburbana prevaleció hasta donde la naturaleza lo permitía, es decir, el océano y las áreas pantanosas. Ese modelo fracasó. La crisis en los bienes raíces, el aumento de la congestión del tráfico y la degradación del ecosistema son evidencias -- y tragedias -- fehacientes.

 

En los últimos años, se puso en boga el crecimiento vertical desmedido y la renovación de vecindarios en los distritos céntricos del condado. Ese modelo también falló. Los ciclópeos rascacielos están desiertos y numerosos residentes de bajos ingresos siguen siendo desplazados de sus barrios por el aumento del valor de los inmuebles y, por consiguiente, del precio de los alquileres.

 

Una consecuencia de esta fatídica planificación ha sido el éxodo, la gente que se aburre de Miami y se marcha a otro lugar. ¿A cuántos no conocemos que lo han hecho?

 

Una escuela que ha corrido con mejor suerte, al menos, es la del Nuevo Urbanismo, también llamada de Planificación Neotradicional, que busca construir vecindarios y distritos cohesivos centrados en el peatón, conservar ambientes naturales y preservar el legado arquitectónico.

 

Midtown Miami es un ejemplo del éxito de este movimiento, en el cual se inspira Miami 21, el polémico plan de cambios de zonificación para la Ciudad de Miami que se discute mañana en la Comisión.

 

Lo que parece un éxito para unos, no lo es para otros. Si preguntan a los vecinos de Coral Way qué opinan sobre el urbanismo de este corredor que una vez llegó a tener árboles cítricos en sus orillas, escucharán de muchos un cantar de lamentos e insultos.

 

Y en el caso de Biscayne Boulevard, al norte del Omni, es fascinante observar la transformación que luce: los comercios y cafés, los peatones y padres jóvenes con sus niños. Hay quienes desean ver ese mismo ambiente cosmopolita en otras partes de la ciudad.

 

Sin embargo, hay otros que prefieren conservar el carácter residencial de sus vecindarios con casas unifamiliares, distantes de los edificios, las tiendas y el bullicio citadino. Estos residentes temen que Miami 21 viole sus derechos de propiedad, dado que las variaciones en los códigos suelen afectar el estilo de vida de quienes viven en los alrededores.

 

En lo que respecta a los derechos de propiedad, estoy de parte de los grupos vecinales que se han opuesto acérrimamente a Miami 21 porque no cumple con sus expectativas de limitar la altura de los edificios colindantes a las urbanizaciones de baja densidad. Pero entre lo malo, lo menos malo es lo mejor.

 

Las regulaciones actuales del uso de suelo en la ciudad han permitido que Miami crezca como una selva. El león es el automóvil. No se establecieron para perjudicar a nadie, sino como incentivos para atraer constructores cuando nadie deseaba vivir en el centro de la ciudad.

 

Es una desfachatez, por ejemplo, que el gobierno municipal haya dejado construir rascacielos con seis pisos de parqueos desnudos que nos arruinan el paisaje, así como condominios en áreas de baja densidad.

 

El sistema, por otra parte, facilita los cambios bruscos de zonificación al punto de que los residentes inusitadamente descubren, leyendo el periódico, que su estilo de vida no va a ser el que escogieron al comprar su casa.

 

Miami 21 intenta sentar las bases para un modelo de eficiencia energética y conservación medioambiental, que promete fomentar el tráfico peatonal y la preservación de los sitios históricos. Además, habrá menos oportunidades para los cambios caprichosos de zonificación.

 

Obviamente que plantar un código sobre otro tan deficiente en una ciudad del tamaño de Miami es una tarea muy complicada. Por eso hay críticos que han estudiado el proyecto y afirman que no estamos preparados. Si a eso se añade la crisis presupuestaria, ¿tiene la Comisión tiempo para debatir el plan de desarrollo?

 

La urgencia es que el alcalde de Miami, Manny Díaz, adalid de este proyecto, culmina su gobierno este año. ¿Quién nos garantiza que los futuros líderes retomen la iniciativa de mejorar las regulaciones existentes?

 

La sustentabilidad de Miami requiere una evolución del crecimiento urbano desmedido hacia una planificación ordenada que cree y preserve una infraestructura eficiente, incluyendo mejores medios de transporte público, y fomente el sentido de comunidad que hemos perdido.